martes, 1 de febrero de 2011

¿Estaciones de servicio?

Echar la vista atrás es, a veces, un ejercicio peligroso que permite descubrir que no siempre evolucionamos. A la búsqueda de la rentabilidad, hay sectores económicos que, de un tiempo a esta parte, no han hecho sino ir mermando en atención al cliente y en calidad del servicio.
Una prueba palmaria de esa involución es el segmento gasolineras. Uno recuerda que, no hace tanto tiempo, en las estaciones de servicio no sólo era posible echar combustible sin bajarse del vehículo, atendido más o menos bien por un profesional que, además de cumplir con los servicios mínimos, es decir, despachar el gasoil o la gasolina, cobraba el importe, a veces hasta limpiaba el parabrisas y tan sólo dejaba en tus manos otras ocupaciones digamos más comprometidas, como la obligada visita al WC.
Ahora, en una buena mayoría de las estaciones, el cliente no ve a nadie hasta que no entra en el edificio donde está la caja, no recibe ningún tipo de ayuda en la ocupación principal que le ha llevado hasta ahí y si se le ocurre intentar alguna otra actividad, como comprobar la presión o algo así, más vale que entienda de estos menesteres.
Pero el gran ‘salto de no calidad’ ha llegado con las nuevas medidas presuntamente destinadas a evitar que el personal practique aquello del ‘simpa’: vamos, marcharse sin pasar por caja.
La cosa empezó por la noche, puesto que los empleados se encontraban encerrados en el edificio de caja y, por tanto, puede entenderse que hubiera que abonar el importe antes de servirse, para evitar estampidas inesperadas.
Sin embargo, como quiera que el consumidor ‘ha tragado’ con cierta facilidad, la medida se ha trasladado también al día, de manera que, en muchas gasolineras, el procedimiento ha quedado ahora de tal forma: llegar, aparcar, ir a la caja para comunicar qué es lo que uno quiere, pagar, volver al surtidor, auto-servirse y, si se quiere factura, regresar a la caja para obtenerla. Todo ello, claro está, mientras que el que presuntamente sirve al cliente, anda con sus nalgas bien pegadas al asiento, frente a la caja. Vayamos a hernias.
Es un avance más en lo que entendemos por ‘atención al cliente’. Así, esta mañana, después de algún que otro cabreo sin consecuencias, he decidido a irme de una gasolinera sin llegar a consumir, dado que me obligaban a pagar por adelantado. Por supuesto, he pedido al tipo que, para colmo, estaba fuera atendiendo al público, que comunique a sus jefes que no volveré por allí hasta que no se pague al final del consumo, como en el supermercado, la pescadería o el bar de la esquina. Al precio que está el combustible, es lo mínimo que podemos pedir. Antes, en las gasolineras, tú sólo tenías que ir al baño; ahora han inventado otras maneras de tocar los ‘mismos’.

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