miércoles, 12 de agosto de 2009

La muerte no paga cláusulas

Así llega ella, sin aviso y sin complejos, arrasándolo todo y dejando sólod esolación, tristeza y soledad.
Ella no paga cláusulas, no necesita de jueces ni de vergudos, no respeta ni tiene que hacerlo, va por libre y es libre, juega su propio partido haciendo trampas, porque sabe que siempre, tarde o temprano, en tiempo reglamentario o en el descuento, acaba ganando.
Hace ya un par de años que nos visitó en Sevilla, sembrando el desconcierto en un club, en una familia, en una pareja. Nadie puede enfrentarse a ella. Entonces, Dani Jarque lo hizo, depositando flores en el lugar donde había caído el amigo, el rival, el compañero.
Hoy, dos años después ha sido el propio Dani el caído en las mismas circunstancias, cuando se había atrevido a retarla, al sembrar la semilla para la llegada de otro ser a este mundo.
Y nadie puede con ella. Los 'súper-hombres' del deporte caen en la tentación de desafiarla, confiados en su fuerza física, en su juventud y en su resistencia, pero cuando la miran a la cara, cuando la desafían, acaban cayendo fulminados.
El Espanyol, como el Sevilla, se afanaba en proteger a su capitán de posibles rivales; su esposa hacía con él planes para el futuro; su familia se preparaba para recibir a un nuevo miembro; el fútbol lo espiaba de reojo para probar sus fuerzas de cara a una posible internacionalidad.
Todos se movían por reglas de este mundo, pero ella no lo es. Ninguna de esas normas sirven de nada ante ella: ella tiene su reglamento propio, caracterizado precisamente por la ausencia de reglas, por las cartas marcadas, el juego sucio y el ventajismo.
Éste es nuestro mundo, incierto, fugaz, confuso y pequeño, muy pequeño ante ella.

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