Anti Halloween y anti todo
Está de moda el anti. O más que de moda, quizás lo que
ocurre es que hay poca capacidad, poca profundidad para crear y hay que
conformarse con atacar, con destruir lo que otros hacen. Aunque, pensándolo
bien, la raíz del asunto esté, más bien, en la incapacidad para aceptar que hay
otros mundos, otros gustos, otros intereses, otras formas de ver y de hacer la
vida.
Nos molesta lo diferente, lo impropio, lo llamativo, lo
que resalta. Y esa libertad a la hora de descalificar que se nos ha impuesto
por encima de todo nos inviste de una supuesta autoridad para ridiculizar todo aquello que no concuerda exactamente con nuestros postulados
morales, éticos, estéticos o ideológicos.
Es como una supuesta modernización de aquellas viejas de
los visillos, que contaban las horas y los minutos para reunirse con sus
comadres y aprovechar la reunión para pelar a todo aquel que no estuviera
presente, ya fuera por sus comportamientos, por sus apariencias o por sus formas
de expresarse y relacionarse.
Ahora somos anti-Halloween. ¿Por qué? Por variadas
razones. Unos porque es un invento americano, que no es español vamos. Da igual
que más del 90% de los utensilios, herramientas, instrumentos, inventos, costumbres,
fiestas y tendencias que utilizamos o mantenemos tampoco lo sean. El caso es ser anti.
Para otros, la razón es que es una horterada, que se
disfraza uno de muerto, que los niños piden caramelos o que se tiran petardos.
Razones, todas, que no importan a los mismos seres humanos para idolatrar o, al
menos, respetar, otras fiestas patrias como el Carnaval, las Fallas, los
Sanfermines o la Tomatina de Buñol, todas ellas mucho más lógicas, elegantes y
estéticas, adónde va a parar.
En Almería, mi casa, mi tierra, acabamos de celebrar
Halloween con un invento del Ayuntamiento que se ha denominado ‘La noche en
negro’. El evento en sí ha supuesto que miles, pero muchos miles de almerienses
salgan de sus casas, paseen, se tomen cañas con tapa, compren ropa, libros y
discos, se asusten con los que iban disfrazados de muerte o de famosos del
corazón, le compren un globo o un regaliz al niño e incluso alguno ha habido
que se ha atrevido a tomarse un combinado etílico.
Conozco algún caso de establecimientos que, esa noche, han
multiplicado por diez su caja habitual. Y mire que le diga, con la que está
cayendo, con el paro pisándonos los talones, con las colas en los comedores
sociales, con las nóminas más congeladas que la imaginación de la mayoría, las
pagas extras embutidas en un traje de pino para celebrar el Día de Todos los
Santos y una retahíla de empresas preparadas para representar el Santo Entierro
cuando llegue la Semana Santa, todo lo que sea mover a la gente y al dinero,
hacer que se gaste, que se invierta, que los negocios hagan caja y puedan pagar
a sus acreedores y trabajadores, a mí me parece una bendición del cielo. Vaya
la gente disfrazada o en pelotas.
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