sábado, 3 de noviembre de 2012


Anti Halloween y anti todo


Está de moda el anti. O más que de moda, quizás lo que ocurre es que hay poca capacidad, poca profundidad para crear y hay que conformarse con atacar, con destruir lo que otros hacen. Aunque, pensándolo bien, la raíz del asunto esté, más bien, en la incapacidad para aceptar que hay otros mundos, otros gustos, otros intereses, otras formas de ver y de hacer la vida.
Nos molesta lo diferente, lo impropio, lo llamativo, lo que resalta. Y esa libertad a la hora de descalificar que se nos ha impuesto por encima de todo nos inviste de una supuesta autoridad para ridiculizar todo aquello que no concuerda exactamente con nuestros postulados morales, éticos, estéticos o ideológicos.
Es como una supuesta modernización de aquellas viejas de los visillos, que contaban las horas y los minutos para reunirse con sus comadres y aprovechar la reunión para pelar a todo aquel que no estuviera presente, ya fuera por sus comportamientos, por sus apariencias o por sus formas de expresarse y relacionarse.
Ahora somos anti-Halloween. ¿Por qué? Por variadas razones. Unos porque es un invento americano, que no es español vamos. Da igual que más del 90% de los utensilios, herramientas, instrumentos, inventos, costumbres, fiestas y tendencias que utilizamos o mantenemos tampoco lo sean. El caso es ser anti.
Para otros, la razón es que es una horterada, que se disfraza uno de muerto, que los niños piden caramelos o que se tiran petardos. Razones, todas, que no importan a los mismos seres humanos para idolatrar o, al menos, respetar, otras fiestas patrias como el Carnaval, las Fallas, los Sanfermines o la Tomatina de Buñol, todas ellas mucho más lógicas, elegantes y estéticas, adónde va a parar.
En Almería, mi casa, mi tierra, acabamos de celebrar Halloween con un invento del Ayuntamiento que se ha denominado ‘La noche en negro’. El evento en sí ha supuesto que miles, pero muchos miles de almerienses salgan de sus casas, paseen, se tomen cañas con tapa, compren ropa, libros y discos, se asusten con los que iban disfrazados de muerte o de famosos del corazón, le compren un globo o un regaliz al niño e incluso alguno ha habido que se ha atrevido a tomarse un combinado etílico.
Conozco algún caso de establecimientos que, esa noche, han multiplicado por diez su caja habitual. Y mire que le diga, con la que está cayendo, con el paro pisándonos los talones, con las colas en los comedores sociales, con las nóminas más congeladas que la imaginación de la mayoría, las pagas extras embutidas en un traje de pino para celebrar el Día de Todos los Santos y una retahíla de empresas preparadas para representar el Santo Entierro cuando llegue la Semana Santa, todo lo que sea mover a la gente y al dinero, hacer que se gaste, que se invierta, que los negocios hagan caja y puedan pagar a sus acreedores y trabajadores, a mí me parece una bendición del cielo. Vaya la gente disfrazada o en pelotas. 

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