domingo, 3 de abril de 2011

El ‘inaugurismo’ y la ley electoral

En este país nuestro de los casi cinco millones de parados, del cierre diario de empresas, de la inflación, la falta de inversión y créditos, la sanidad y la educación por hacer y las dudas sobre quién pagará nuestras pensiones, sesudos políticos se han reunido en torno a una mesa y han decidido que lo que de verdad nos hace falta, lo que viene a solucionar buena parte de nuestros males, es una buena ley electoral. Como quiera que estamos en crisis, algo que ellos han descubierto recientemente, a pesar de que su bolsillo y el mío lo llevan notando desde hace años, se trata de que en la venidera campaña electoral se gaste lo menos posible en promoción, propaganda y otras ferias parecidas. Y para ello, las iluminadas mentes han decidido que lo mejor, lo más adecuado es crear un paréntesis de un mes, antes de la campaña electoral, en el que sus compañeros de profesión no podrán hacer inauguraciones, ni publicidad de partido ni nada que se le parezca. Una medida que, obviamente, ha generado un gran movimiento económico entre sectores como el de la publicidad, los medios de comunicación y la promoción en general, que la han recibido con el alborozo que corresponde a otro grano en el culo de nuestra economía, acaso no suficientemente ‘almorranado’. El resultado, esperado por cualquiera al que se le alumbre algo debajo del cabello, incluso por ellos mismos, me temo, es que el período conocido como ‘inaugurismo’ que precede a cualquier campaña electoral, en lugar de suspenderse en el aire como algún ingeniero esperaba, simplemente se ha adelantado un mes. Y nos hemos encontrado con una semana de frenética actividad inauguradora, a dos meses de que nos toque pasar por las urnas. En cuanto al ahorro en publicidad y profusión propagandística, también ha sido un éxito. Tanto que hemos podido ver cómo, durante un mes, nuestras calles y carreteras se han llenado de carteles electorales, que luego han desaparecido de manera instantánea y que, pasada la mensualidad de tregua, volverán a aparecer. Es decir, que el gasto se ha duplicado, puesto que lo que ahora la ley electoral ha hecho desaparecer, volverá a surgir, por obra y gracia de los propios partidos, cuando llegue la campaña, con el consiguiente redoble de la inversión. Si no fuera por el patetismo de la situación, hubiera sido divertido ver cómo todos los políticos se afanaban en estrenar infraestructuras cuya fecha inaugural estaba prevista para un mes después, como contraataque a la propia ley (o algo así) electoral que ellos mismos habían bendecido. Y ello por no hablar de la generalizada confusión que todo esto ha generado, con dudas sobre si tal o cual acción era publicidad electoral y si tal o cual acto podía considerarse como propagandístico, llegándose al absurdo de que un alcalde como el de Almería no pueda reunirse con un grupo de ciudadanos voluntarios. Eso sí, la chapuza ha servido para algo: a nadie le cabe ya ninguna duda de por qué seguimos y vamos a seguir mucho tiempo en crisis; porque con medidas tan eficaces y adecuadas como ésta, vamos a terminar con empacho de brotes verdes.

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