lunes, 25 de julio de 2011

¿Ideología o gestión?

Ya han pasado las elecciones e han tomado posesión de sus cargos los alcaldes y concejales de los diferentes ayuntamientos. Creo que ha transcurrido el tiempo suficiente como para poder escribir y publicar estas líneas sin provocar las típicas miradas de reojo partidista o, lo que es peor, el peso de ninguna junta electoral.
A estas alturas de la película, aunque nos pueda sonar a chino, todavía tiene uno que rascarse la oreja para sacudirla y espabilarla tras escuchar a quienes siguen diciendo que votar al Partido Popular es votar a los fachas, los franquistas, la derechota y los que fusilaron al abuelo ‘de tal’ en la post-guerra; y a otros que no se despeinan al asegurar que votar al PSOE es apostar por los rojos, los comunistas, los anarquistas, los rusos y los que le dieron el paseíllo al abuelo ‘de cual’.
Si señor, mi admirado y paciente lector. Todavía se escuchan argumentos como éstos. Son, sin duda, los más radicales síntomas del desconocimiento total y absoluto de lo que significa ejercer el derecho al voto en nuestra Democracia; pero no los únicos.
Pasadas unas semanas tras las elecciones, les voy a confesar una cosa: yo voto gestión. Es más, respetando al máximo la liturgia electoral y los derechos de todos y cada uno de los electores, me gustaría que todo el mundo votara gestión. No ideas, ni ideologías, ni pasados políticos más o menos justificados o inventados, ni resquemores y odios de guerras afortunadamente enterradas, ni chorradas en vinagre.
El acto de votar es, en nuestro sistema de Estado, la elección de un partido político y de unos representantes públicos que, en los próximos años, van a administrar nuestro dinero, vía impuestos, y van a dirigir nuestro pueblo, ciudad, comunidad o país.
Si cometemos el error (sí, he dicho error y me perdonará usted, caballero) de votar en función de criterios ideológicos en lugar de apostar por quienes creemos que gestionará mejor nuestra pasta, podemos terminar sintiéndonos muy orgullosos de las banderas con las que se celebran las noches electorales, pero luego no tener con qué darle de desayunar a nuestros hijos al día siguiente.
Y conste que, cuando hablo de gestión, no me estoy refiriendo exclusivamente a la política económica, vayamos a que haya una ola colectiva de manos en la cabeza y rasgue de vestiduras, sino a gestión en general: de la economía también, pero igualmente de las políticas sociales y culturales, de las obras públicas, del deporte, del medio ambiente (el de verdad, no el que defienden los ecologistas profesionales, que cobran por serlo), del turismo, de la agricultura y, en general, de absolutamente todo.
Ustedes, los políticos, cuéntenos qué piensan hacer con nuestro dinero y déjense de ideologías, de derechas e izquierdas, de guerras civiles y de zarandajas varias; y nosotros, habremos de elegir entre quienes pensemos que le van a sacar más rendimiento a ese ‘parné’, que no es poco.

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