Mire usted, cuando escucho a alguien hablar de izquierdas y de derechas, lo que me pide el cuerpo es mirar disimuladamente para otro lado. Y lo haría, si no fuera por esa puñetera manía mía de seleccionar con cuidado todos los charcos para meter el pie hasta la altura del sobaco.En estos tiempos post-electorales, hemos podido ver cómo la formación extremeña más teóricamente de izquierdas cerraba la boca y bajaba los brazos para que el PP accediese al gobierno de su comunidad por vez primera, a la par que el poder central de su partido federal ponía el grito en el cielo en forma de amenazas.
El jefe de la izquierda más teóricamente de izquierdas de este país, mientras le guiña el ojo izquierdo con perfidia y sensualidad a los que presumen de que los partidos no les representan, utiliza la mano derecha para hundir la cabeza de sus tres subordinados-compañeros extremeños en un pozo de aguas turbias durante 30 segundos, con la esperanza de que cuando vuelvan a poder respirar, accedan al chantaje y renuncien al silencio, cambiándolo en favor de otro partido teóricamente de izquierdas.
Mientras, el Partido Popular, teóricamente de derechas, se frota las manos ante la nueva compañía progresista que le ha surgido en un bar de carretera extremeño, a la par que, liberado del peso electoral, le hace frente a ese corral de pollos del 15-M que, por otra parte y tal como estaba previsto, se lo ha puesto fácil, puesto que aprovechando que la consigna es libertad por encima de todo, en el corral se han colado todos los que no ven dónde empiezan las libertades de los demás.
No es fácil de analizar la cuestión de los tres diputados extremeños, que han tenido que elegir entre que todo siga igual que estaba o que cambie a lo que no quiere la dirección de su partido.
Y en mitad de la paradoja, el oscuro objeto de deseo de la dirección de Izquierda Unida anda por plazas y calles pidiendo listas abiertas y democracia directa, mientras el director general federal, camarada, proletario y asambleario excomulga a los que no han seguido la doctrina oficial de la coalición de teóricas izquierdas. Todo muy democrático y de listas de un abierto que para qué las prisas.
No es novedad: es bastante más sencillo pregonar la libertad en casa ajena que en la propia; la democracia directa queda muy bien en la teoría y siempre y cuando no afecte a lo que yo considero mío en derecho; y todos somos muy federales y estamos muy dispuestos a que entre todos decidamos sobre lo mío, siempre y cuando decidamos lo que yo considero más adecuado. Hasta ahí podíamos llegar.
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