domingo, 5 de junio de 2011

Minuto y medio

¿Se ha parado usted a pensar cuántas cosas se pueden hacer en minuto y medio? Cosas maravillosas y deleznables, grandes proyectos de vida y para la humanidad, genialidades que marcarán época y estupideces que no serán menos.
En minuto y medio se han gestado las mayores civilizaciones, se han firmado acuerdos que han marcado la historia, se han iniciado y cerrado relaciones de amor y de odio, de negocios, de política, de amistad, se han apretado botones que han causado la devastación y se han tomado decisiones que han acarreado el final para mucha gente.
En minuto y medio se ha engendrado a los grandes genios de la humanidad, se han consumado grandes (más bien pequeños) orgasmos precoces, se han roto magníficas parejas y se han sellado otras con besos de anuncio.
En minuto y medio, lo que usted tardará en leer este artículo a poco que haya superado la primera Cartilla Palau, caben 90 segundos y 900 décimas de segundo. Y en todo ese tiempo caben mil y una sensaciones, mil y un mensajes, mil y una emociones, mil y una frustraciones, mil y una ilusiones.
En minuto y medio, aunque usted no lo crea, se pueden meter muchas historias o una sola, todo y nada, una vida entera y un largo y eterno suspiro interminable.
Minuto y medio, 90 segundos, 900 décimas es lo que dura cada uno de los cortos del certamen Cuéntalo en 90 segundos, en cuya gala de entrega de trofeos me vi el pasado sábado en un abarrotado Auditorio Maestro Padilla, que desbordaba juventud, ilusión, ganas, futuro, alegría, desparpajo, nervios y talento, mucho talento.
Cinco años se han cumplido de este pequeño gran certamen, otro de los motivos para que los almerienses nos sintamos orgullosos de nuestra cultura y de la gente que la crea y la desarrolla cada día, muchas veces sin que nos enteremos.
Cinco años y, en éste, 587 trabajos presentados, 83 seleccionados, 30 exhibidos en la gala y catorce premiados en un evento en el que los formalismos tenían prohibida la entrada y la naturalidad, el destino y el genio eran los protagonistas. La competencia es feroz. Hay mucha más gente de la que imaginamos haciendo buen cine en este país, muchos de ellos con menos recursos que McGiver. Pero “no podemos rendirnos”, tal como espetaba una de las galardonadas desde el escenario al recibir su premio.
Todos ellos, todos, saben ya lo que es condensar sus sentimientos, sus mensajes, su creatividad y su arte en 90 segundos. Y están dispuestos a que Almería vuelva a ser la tierra en la que se citen el bueno, el feo y el malo por mil dólares al día, en la que la muerte tenga un precio, en la que Indiana afronte su última cruzada, en la que nos enteremos de cómo son las cosas de la vida y del querer sin dejar de sentir la llamada de África y en la que Alfredo Landa se pueda ir a ligar al Oeste. Porque 900 décimas de segundo no son menos que 900 balas.

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