Aunque esté usted leyendo esto hoy lunes, sea usted quien sea, mi querido presidente, yo lo he escrito a estas horas de domingo en las que me pongo ante el papel en blanco, desconociendo aún su identidad. Mi fino olfato periodístico me indica que, seguramente, será usted Rajoy o Rubalcaba; Alfredo o Mariano. Tengo esa intuición.Y por ello, aunque esté usted recién llegado, aunque acabe de terminar una dura campaña electoral (más duro es coger pimientos en Berja, pepinos en Balerma o tomates en La Cañada; no se me queje) y tenga mucho trabajo que hacer, me voy a permitir el lujo de pedirle algunas cosillas que, como su nuevo jefe que soy, considero fundamentales que dejemos claras y las acometamos.
Empiezo precisamente por eso, por la cantidad de cosas que tiene usted que hacer. Y por eso le voy a pedir que se ponga al curro hoy mismo. Sé que acabamos de celebrar la fiesta de la democracia, que acabamos de escenificar nuestra libertad y que estamos todos de un contento que para qué las prisas. Pero permítame que le recuerde que no hay tiempo ni ganas de fiestas. El paro, la prima de riesgo, las empresas cerradas o en quiebra y el desasosiego general son una jauría de perros rabiosos que nos pisan los talones y que, si nos paramos a celebrarlo, acabarán convirtiéndonos en abono para las flores de la fiesta. Por tanto, dejémonos de traspasos de poder, de días de tregua y de zarandajas. Al tajo.
Le voy a pedir a usted, además, sea quien sea, que intente gobernar para el pueblo y no para los medios de comunicación, ni para los países terceros ni para la galería. Acaba usted de convertirse en nuestro empleado más caro y debe responder a las expectativas.
Sabemos que las cosas están difíciles, pero también le pido que no me llore, que no pierda el tiempo en contarme lo mal que el anterior gobierno (si es usted Rajoy) o los mercados y los bancos (si es usted Rubalcaba) han dejado la economía. Que me lo sé. A usted nadie le ha puesto una pistola en el pecho para que se presente. Por tanto, arremánguese y ponga todo el corazón, el alma y sobre todo el cerebro en solucionarlo. Supongo que si ha decidido presentarse a este ‘fregao’ será porque tendrá usted idea de cómo solventarlo.
También le voy a pedir, fíjese qué atrevido, que se deje la ideología en su casa, que no se la lleve a la Moncloa; y que haga de su acción de gobierno una gestión eficaz, poniendo en práctica las mejores soluciones, no las que le dicte el carné de su partido. De verdad, a los ciudadanos nos importan bastante poco los partidos y lo que éstos digan. Ustedes suelen estar en su mundo, con su gente, y creen que todos tenemos un irrechazable credo político. Pero de verdad, no es así. Lo que queremos es que ustedes se ganen el sueldo solucionándonos los problemas. A usted ya no le paga su partido; le pago yo; y otros muchos como yo. Por favor, no lo olvide en estos cuatro años.
Y le voy a pedir, finalmente, que ahora que se va a poner a gobernar, haga el favor de no mirarle el carné a la gente. Que gobierne para todos, sobre todo para los que están peor, porque es su obligación y es justo y decente. Procure hacer feliz al máximo de seres humanos y no prohíba cosas que no hacen daño a nadie. Haga feliz a los que son capaces de conducir a 120 por hora, a los homosexuales que se quieren casar y a los que le quieren rezar a Dios y al diablo. Repito, cada uno de esos, con lo suyo, no hace daño al de enfrente.
Perdone si he sido muy duro para ser el primer día. Pero es que, como dije aquí mismo hace ya algunas semanas, ‘no está el chocho ‘pa’ punteos’.
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