Si es usted uno de los cuatro o cinco que cada semana leen esta columna, ya sabrá a estas alturas que Tele 5 es una cadena por la que no tengo excesivas simpatías. Los motivos dejarían pequeño el espacio para este artículo; y hoy tengo que hablar de otras cosas, también relacionadas con esta ‘cadena’.Por un interesante artículo en redes sociales (a través del Facebook de Estudionet), he tenido noticia de que varias empresas, como Bayern, Campofrío, Puleva o President, han decidido retirar sus anuncios del programa La Noria, después de que éste completase su enésimo doble salto mortal con tirabuzón, pagándole una pasta a la madre de El Cuco, ya saben, uno de los señoritos que le están tomando el pelo a todo bicho viviente, después de la desaparición de Marta del Castillo.
A raíz de ello, esperaba yo la reacción de la España profunda, de esa España que sigue pensando que los demás somos gilipollas perdidos, que pueden seguir contándonos los mismos cuentos que hace 40 años y que, por ello, la televisión es una efectiva arma para tomar el pelo a discreción al personal.
He escuchado a una tipeja como María Antonia Iglesias, un ser vivo que no sé, aunque lo imagino, en función de qué ‘méritos’ (de ésos que van pegados en un carné) ha llegado adonde ha llegado, siendo un ejemplo de nivel educativo bajo cero, un compendio de zafiedad, bajeza moral, hipocresía, grosería y un nivel intelectual pre-infantil; le he escuchado decir, a esta señora, en su idioma, que hasta que se termina un juicio, los imputados son presuntos.
Mire, amigo lector, hace semanas escribí sobre esto, condenando la actitud de la prensa en el caso de los niños desaparecidos en Córdoba, apuntando indiscriminadamente al padre, incluso antes de que fuera detenido. Y por supuesto, no porque me lo diga esa especie de muñeco diabólico amparado por el ‘caspa-show’ sabatino y nocturno de Tele 5, como antes lo estuvo por la televisión que pagamos todos los españoles, estoy de acuerdo en que todo imputado es inocente hasta que el juez no diga lo contrario. Faltaría más, señora catedrática de democracia, adalid del respeto y las buenas maneras.
El problema aquí, da vergüenza especificarlo, es que una televisión se dedique a llenar el bolsillo de todo aquel que sea sospechoso de haber cometido un delito tan deleznable como acabar con la vida de otro ser humano porque sí, porque somos unos tipos muy guays, porque ‘presuntamente’ (aprovecho para ciscarme en la palabra presunto, con mucho respeto y sostenibilidad) nos habíamos tomado unas copas y unas rayas estábamos cachondos, y luego hacer desaparecer el cadáver y engañar y tomar el pelo a la familia, a la policía, a los jueces y a todo el coro de soplapollas que andan detrás de estos ‘presuntos’ (císcome otra vez) como si fueran estrellas de Hollywood. Si a ésos o a sus familias, encima les damos dinero para que nos lo cuenten, es probable que alguien piense que ése es un buen modo de ganarse la vida.
Por eso, mi despreciada María Antonia, al igual que el no menos rastrero Jordi González, que ha dicho nada menos que Campofrío ha querido hacerse una campaña de publicidad gratuita retirando el anuncio de su lamentable programa, hacednos a todos un favor: echad un vistazo a las redes sociales, que hace tiempo que son un lugar más fresco, más sano y más libre que esa bazofia que protagonizáis cada sábado por la noche y que, por cierto, esta semana he tenido los santos huevos de ver, sólo por un motivo: para no comprar ni una sola de las marcas que se anuncian en él hasta que no retiren su publicidad. Eso sí que es libertad de expresión… y de decisión. ¿A que sí?
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