domingo, 20 de mayo de 2012


Tabernas Vegas



Estamos en crisis. Y como estamos en crisis, cada día más, cualquier cosa que suponga un mínimo atisbo para crear valor, riqueza y empleo me parece bien. Bueno venga; diremos casi cualquier cosa, que hay gente muy mala.

En éstas he escuchado algún que otro debate sobre el proyecto de ‘Euro-Vegas’ en España, más concretamente en Madrid o Barcelona. Y en esos sesudos y profundos debates, he escuchado razonamientos tan bien estructurados y lógicos como que el proyecto en cuestión va a fomentar la prostitución, el alcoholismo, la adicción al juego y que además el fulano que no sé por qué demonios se le ha metido en la cabeza poner tal negocio en España nos va a pedir que cambiemos la ley laboral y que los niños de cuatro años puedan entrar en los casinos.

Estas cosas las suelen decir, será casualidad, tipos que viven del erario público, de los sindicatos, de las universidades o de nuestro desmesurado organigrama funcionarial; vamos, gente que ha tenido la suerte de que sus puestos de trabajo no dependen de la crisis, de los mercados o de ningún intangible que vaya y venga.

Poco les importa, a estos benefactores del bien común, el que el proyecto vaya a generar decenas o centenas de miles de puestos de trabajo, entre directos e indirectos; no parece importarles que alrededor de esa ciudad del juego se vayan a generar cientos de empresas, que el municipio agraciado vaya a multiplicar por muchos enteros su PIB medio y que la industria turística española vaya a cambiar de manera importante gracias a la inversión de este reyezuelo del juego.

Les voy a dar una idea, a todos éstos a los que les parece un sacrilegio colocar este gran centro del ocio en Madrid y en Barcelona. No sé qué pensará usted, pero en Almería tenemos terreno de sobra, qué se yo, en Níjar, en La Mojonera, en Los Gallardos o en Tabernas, para convertirnos en Las Vegas europea. Y si ello fomenta la prostitución, el alcoholismo o la adicción al juego, situaciones que seguramente serían nuevas en nuestro entorno, luego ya vemos qué hacemos.