lunes, 2 de mayo de 2011

Lo que me preocupa no es Mouriño

Después de andar intercambiando opiniones contra la pared sobre el particular, durante la última semana en las redes sociales, me parecía inmoral no compartir con usted, fiel leyente de esta semanal columna, el tema estrella de este país de los casi cinco millones de parados.
No señores, no. No hablo de los cementerios nucleares, ni la cifra del desempleo, ni de la guerra de Libia, ni de la participación de ETA o sus sucedáneos en las próximas municipales, ni de las municipales en sí; ni siquiera de la Princesa del Pueblo.
Les hablo, claro está, de ese tipo que se ha convertido en el nuevo dios de las masas en un país necesitado, urgido de nuevos asideros en los que sostener la miseria, los problemas, la falta de sueño y la crisis de consumo más descomunal que usted y yo hemos visto y veremos, por muchos años que vivamos.
Mire usted, amigo mío: lo que me ocupa y me preocupa del tipejo en cuestión (hablemos claro desde el principio), no es su falta de educación, su constante provocación, su incitación a la violencia permanente, sus rácanos y miserables planteamientos futbolísticos, su obcecación por destruir la grandeza que tanto le ha costado construir al deporte español o su pésimo ejemplo en cuestiones como educación, deportividad, reflexión o incluso sinceridad (dicen de él que es sincero, aunque más bien lo es con la paja en el ojo ajeno, que no con la viga en el propio).
Lo que realmente me preocupa es cómo en este país se ha acogido su dialéctica de charlatán de feria, sus obscenidades que le han llevado incluso a vincular los triunfos del Barcelona con unos presuntos favores derivados de su compromiso con la ONG Unicef (para hablar de cualquier organización que evita millones de muertes al año en el Tercer Mundo, este ‘bocarán’ debería lavarse varias veces la lengua), sus constantes provocaciones, sus incitaciones a la violencia dirigidas tanto a los propios deportistas que se han visto sometidos a su yugo dialéctico como a unos aficionados que, por fortuna y hasta ahora, le han dado la espalda a la violencia que esputa en sus discursos, su demagogia infantil, su manipulación constante de la realidad, comparable a la propaganda que Goebels brindaba a la causa nazi en tiempos ya por fortuna remotos y, sobre todo, su absoluta falta de autocrítica, enfermiza, patológica.
Por muchas ‘belenes estébanes’ y ‘jorges javieres vázqueces’ que dominen el horizonte mediático patrio, a mí todavía me queda cierta confianza en que hay algo dentro de nuestras cabezas, algo capaz de rechazar la manipulación en la que este analfabeto sentimental y la cohorte de empresas mediáticas que se sirven de él para equilibrar sus cuentas de resultados y llenar de picos sus balances de audiencias han convertido este deporte que, tampoco seamos cándidos, hace ya mucho que exhibe, en su composición química, mucho más de negocio que del propio deporte en sí; pero que, hasta ahora, había guardado cierto respeto hacia la inteligencia del que lo paga. Osease, de usted y yo.

1 comentario:

  1. Bueno, solamente decirte que: se que no me vas a publicar esto, porque no te interesa pero, eres tu quien dice que el no ve el ojo en el propio asi que solo un consejo, de otra persona a la que el planteamiento futbolistico del luso tampoco le gusta, ni lo que esta haciendo con mi equipo del alma: si quieres hablar sobre el, no caigas en su juego. No caigas en el insulto fácil, no faltes por faltar que parece mentira que fueras periodista hombre. Eso es rebajarse al nivel del luso y no te hace mejor persona, es seguirle el rollo, y si le seguimos el rollo, seguira siendo como es, es como apagar una hoguera con gasolina.

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