martes, 10 de mayo de 2011

Los que sólo hablamos en campaña

Desde el viernes, estamos en campaña electoral. La campaña más cercana, ésa en la que cualquier ciudadano puede tocar, hablar, vivir, sentir e incluso dialogar con los candidatos. La campaña de los ayuntamientos y las diputaciones, que hace que los políticos se echen a las calles y a las redes sociales para ‘tocar’ al votante.
Está usted de enhorabuena. Ahora, viva usted en el municipio que viva, ya sea usted de Madrid, de Sevilla, de Dalías, de Olula o de Villaconejos, ahora tiene usted a tiro a su alcalde y a los que aspiran a sucederlo.
En campaña los políticos se ponen más al alcance; es una realidad. Aparcan los coches oficiales y les dan permiso a los guardaespaldas para caminar ocho o diez metros por detrás. Quieren sentir a su gente y usted no debe desaprovechar esa oportunidad.
Pero no son ellos los únicos. En campaña usted también está más receptivo, más proactivo, más participativo. Durante cuatro años ha pasado usted olímpicamente de sus políticos, les ha entregado llave en mano el futuro de su pueblo, de su ciudad, y ahora le toca evaluar, quejarse, aplaudir y votar.
Sí, sí, no todo va a ser quejarse del político. Usted también ha sido un comodón durante estos cuatro años; usted no ha ido ni una sola vez a ver a su alcalde ni tan siquiera a un concejal; ha pasado generosamente de ese Facebook o de ese Twiter que el tipo se abrió hace unos meses; ni siquiera ha remitido ni una sola carta al ayuntamiento.
¿Estaba obligado? En absoluto; pero no se queje tanto de que no le hagan caso, porque usted tampoco ha hecho mucho para que éstos que tienen la obligación de trabajar para usted, se enterasen de cómo usted quería el trabajo.
Sí señor, asumámoslo: somos cómodos, dejados, pasotas. Durante el tiempo que dura una de éstas legislaturas municipales, queremos que se respeten nuestros derechos, pero no cumplimos con nuestras obligaciones; se nos llena la boca para hablar de democracia, pero no participamos más que el día de las urnas, y poquito; y criticamos lo que nuestros políticos hacen mal, que probablemente son muchas cosas, pero lo hacemos con el codo apoyado en la barra del bar, mientras pedimos otra de bravas y ‘pelamos’ al tipo al que votamos y al que no votamos en las pasadas municipales.
Ahora, muchos aparecemos por las redes sociales o abordamos a los políticos en campaña en sus repartos de folletos y en sus encuentros periódicos (cada cuatro años) con las fuerzas vivas de la sociedad de cada pueblo, de cada ciudad. Y les decimos lo malos que son, lo mal que lo han hecho y lo jodidos que estamos por culpa de sus reiterados errores, en gobierno y oposición.
Y ellos, haciendo gala de una bíblica paciencia, porque saben que ahora no es momento de cabrear a nadie, nos dan la razón, en lugar de preguntarnos: “oyes, ¿y por qué coño no me lo has dicho antes?”. ¿Nos extraña? Qué va; éstas son las reglas del juego y las hemos aceptado todos. Ellos y nosotros. Así que, ¡a jugar!

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