domingo, 8 de enero de 2012

38

Estoy blandurri hoy. Me disculparán quienes acuden puntualmente a esta cita cada lunes (dos o tres, no más) deseando disfrutar con unas cuantas alforjas de estopa, leña y bastos, que hoy no toca. Si el mono les corroe, siempre pueden darse una vuelta por el blog, donde el otro día sí les di lo suyo a los de un gran supermercado y a su concepto de ‘atención al cliente’. Pero no aquí y ahora, que no toca.
Hemos empezado ya 2012 y quiero regalarme un pequeño paréntesis de paz y buenos deseos. Y, como es tradición, cada vez que empieza un año, al arriba firmante le toca cumplir tacos, el día de Reyes nada menos, 38 en este caso. ‘Chale güevos’.
El guión es previsible cada año, aunque ha sufrido algunas modificaciones desde que llegó al mundo esa luz, esa vocecilla que me grita si algún día remoloneo más de la cuenta en la cama. Por su culpa, ahora lo primero es levantarse corriendo el día 6 y darle los últimos retoques a la ciudad de los juguetes en la que se ha convertido el salón, porque anoche, cuando llegamos de la Cabalgata, estaba uno hecho unos zorros y seguramente quedaron flecos por resolver. Ella no; si por ella fuera, que hubiera durado tres días el paso de los Reyes y sus colegas.
Después, todavía pronto, un buen rato de juegos con Carlilla, que es la versión humana de aquellos conejitos de Duracel que afortunadamente ya no nos torturan por la tele, pero que quedaron para siempre en nuestra memoria.
Y al final de la mañana, el atracón de visitas y de ‘jalufa’, porque no hay cumpleaños sin echarle uno o dos agujeros al cinturón y alguna arroba de más a la báscula.
Este año, también como novedad, la comida la he hecho yo. Sí, es cierto, con alguna ayuda, pero bajo mi sabia y diestra dirección. Y para colmo, a los postres me he fregado y refregado toda la cocina y la vajilla, hasta el punto de que alguna visitante ilustre ha querido inmortalizar el momento plasmándolo en una instantánea que desterrará de una vez y por todas aquel mito acerca de mi escasa colaboración de puertas de la cocina hacia adentro.
De un tiempo a esta parte, también es obligada la visita al Facebook, para tratar de responder o al menos de leer y complacer las felicitaciones de los amiguetes de la red. Todos muy cordiales y entrañables, salvo quizás el ‘joputa’ ése que dice que me echaba 40 (aunque no ha especificado 40 qué). Incluso a él se le agradece que se haya acordado.
Y el caso es que en algo no se ha equivocado: hace tiempo que empezó a estar uno más cerca de los 40 que de los 30; y que aquello de los 20 empieza a ser un recuerdo que a veces provoca risa y otras vergüenza.
Significa eso que ‘vamos para arriba’, como dirían en mi pueblo si lo tuviera, y que en algunas cosas que antes se hacían con la gorra ahora hay que pararse a descansar. También quiere decir, en la teoría, que se hace uno más paciente, más reflexivo y más racional, aunque supongo que eso debe ser ya cuando se ha tocado la cuarentena con las dos palmas, porque por ahora, al que suscribe, la paciencia era verde y se la comió un burro y la reflexividad le suele llegar a posteriori, cuando el barro llega ya hasta la axila. Así que este joven que les quiere, espera de ustedes la comprensión para poder llegar a viejo. Que nos leamos muchos años. Suyo afectísimo.