Si desde los 70, gracias a aquel exitoso programa sobre el tráfico que dirigía Paco Costas, sabemos que el hombre es el único animal capaz de chocar dos veces con la misma piedra, yo me considero un auténtico experto en esto, un máster cum laude. Recodará usted, si es que es de ésos abnegados lectores que se empeñan en visitar mi blog cada semana, que hace tiempo me juré que jamás volvería a atender a nadie del servicio telefónico de Movistar, primero por lo pesados que son, segundo porque llaman siempre a unas horas que no son ni decentes ni inteligentes y, sobre todo, porque hace años salí corriendo de esa compañía, debido a que cada vez que tenía que hacer cualquier trámite administrativo con ellos, siempre por teléfono, acababa convertido en el personaje de ‘La Metamorfosis’ o ‘El Castillo’, otras ambas del maestro Kafka.Pero estos tipos son listos como las ardillas y alguien les debió soplar la fecha de mi cumpleaños, de manera que me llamaron en día tan señalado, con la cierta esperanza de encontrarme más ‘blandurri’ y receptivo a sus feroces garras comerciales. Y así fue. Tanto, que ante una tentadora oferta económica, decidí, a bote pronto y con la efusión y el calor de la efeméride, cambiarme de compañía de teléfono e internet en ese momento. Desde entonces, hace casi un mes, la única noticia que he tenido de ellos ha sido la llegada de un router wifi que ni sé usar ni funciona ni la madre que lo trajo al mundo.
Le confieso, querido amigo lector, con todo el dolor de mi alma, que utilicé buena parte de la mañana del pasado sábado en intentar que alguien me echara una mano para arreglar el tema. Vanamente, como supondrá. El balance de una hora y media colgado del teléfono y once conversaciones con otros tantos individuos, todos menos dos con acento y sospecho que residencia suramericanos, fue mi petición final, exhausto, diría que cautivo y desarmado, de baja en la compañía.
Quizás haya sido la baja más rápida en la historia de Movistar y el paso más fugaz de un cliente por la compañía. Por resumir y porque ya queda poco del folio en blanco que empecé hace unos minutos, les diré que, tras dos conversaciones pre-ambulares, empecé hablando con el departamento técnico, de un amable que para qué las prisas, pero que después de hacer no sé cuántas pruebas con mi ordenador, terminó pasándome al departamento comercial, porque posiblemente la tramitación que yo creía activada desde hacía un mes, no lo estaba tanto.
Allí, otro compatriota de la hispanidad me informó de que yo sí tenía internet en mi casa, pero que había algún problema que impedía que pudiera navegar, pasándome de nuevo al departamento técnico. Una vez de nuevo allí, otro paisano, tan amable como el otro o más, me dijo que el problema debía estar en que como yo había solicitado también un cambio de titularidad, ello podría estar enganchado en algún punto del entramado burocrático de la compañía (con otras palabras); así que, de nuevo el hatillo y al departamento comercial, donde les faltó recibirme como a un hermano. Esta vez, me dijeron que los técnicos no trabajaban en fin de semana, a pesar de que yo ya había hablado, en apenas una hora de matinal sabatina, con medio departamento técnico; y que el lunes podrían solucionarme el problema mandándome un técnico a casa. Les expliqué por octava vez que ello no era posible, porque uno, aunque tiene vocación de millonario de las Sheishelles, aún tiene que ir a trabajar a la oficina los lunes. Entonces insistieron en que el problema era de mi ordenador, aunque ya les había yo informado de que el PC en cuestión se conecta a internet que es para comérselo cuando está en la oficina. Así que la señora, ésta española o al menos con tal acento, me dijo que el problema no tenía solución porque quienes lo podían arreglar no trabajan los fines de semana y yo no estoy en casa de lunes a viernes. Así que, como digo, agotado, arrastrándome por el salón de casa y medio llorando, les pedí de rodillas que me dieran la baja, a pesar de que aún no he disfrutado de un solo segundo de teléfono ni de un puñetero mega de internet. Por cierto que para ello me pasaron con el departamento de Calidad de Movistar, que manda muchos cojones el nombrecito que le han puesto.
Total, que si alguna otra vez alguien le cuenta que estoy valorando la opción de volver a Movistar, por favor, me hace usted el favor de llamarme por teléfono, por lo que valga, y queda conmigo para darme una buena patada en los ‘güevos’, que yo se lo agradeceré eternamente.
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