Les voy a contar, mis queridos y queridas y sin embargo fieles y ‘fielas’ amigos del sindicalismo y el piqueterismo sindical, una pequeña historia, tan verídica si no más que las de los chistes de Paco Gandía. No es una historia contada, ni leída, ni escuchada; es una historia que han visto y oído estos ojitos y estas orejas que, tarde o temprano, se ha de comer la tierra.La historia se desarrolla en el establecimiento de un conocido empresario almeriense, tan buen empresario como sensacional persona. Un tipo de los que merece la pena conocer. Y allí estaba yo, con mis cosas, cuando un tipo se dirigió al dueño de la tienda en cuestión para espetarle, en tono cordial y cercano: “Fulanito (sic), ya sabes, el día 29 las persianas bajadas no vayamos a problemas. Que ese día con los piquetes no se juega. Y ya te traeré yo un cartel bien grande para que pongas en la puerta diciendo que estás cerrado por la huelga”.
Debía andar yo con fiebre ese día, porque el respeto a mi buen colega me impidió terciar en la miserable advertencia del tipejo en cuestión, que resultó ser, cómo no, un sindicalista valentón que anda por ahí poniendo de relieve los riegos que los establecimientos abiertos al público pueden correr si el día de la puñetera huelga levantan sus persianas.
Me explicó mi amigo, al largarse el gamberrete disfrazado de representante de los trabajadores, que todos sus empleados tienen intención de ir a trabajar ese día, entre otras cosas porque hoy día un trabajo es un tesoro y no están las cosas como para que, siguiendo la legalidad vigente, tu empresa te descuente un día de sueldo tal y como dicta la ley de huelga. Sin embargo, a pesar de que la empresa tendrá a todo su personal a tope, en esa jornada las puertas del establecimiento de mi buen amigo permanecerán cerradas “porque el escaparate vale mucho dinero y no me la quiero jugar”.
La historia, ya digo, real como la vida misma, no escuchada una tertulia de barra de bar ni leída en uno de esos muros de Facebook consignatarios de soflamas del siglo XIX, refleja el espíritu del que emanan este tipo de manifestaciones de la democracia más ‘pura’ y ‘directa’. Es la quintaesencia del ‘no-nos-representan’, del ‘no-hay-pan-para-tanto-chorizo’ elevada a su expresión más respetuosa con los ‘derechos’ y ‘libertades’ de la ciudadanía.
Sí amigos, el día 29, en este país habrá muchos empresarios que, a pesar de tener su plantilla a su entera disposición, pese a estar todos trabajando como un día normal, tendrán las puertas cerradas por temor a ser visitados por esos tan conocidos ‘piquetes informativos’ que recorrerán las calles con sus correspondientes boletines de información, con forma de botes de silicona, bates de béisbol y huevos en un estado que haga poco recomendable su consumo.
Pues bien, queridos piquetes, piquetistas y piqueteros, aquí estará un servidor, en su puesto de trabajo, esperando vuestra amigable visita. Puedo aseguraros que estoy dispuesto a recibiros con las puertas y los brazos abiertos y con la misma cordialidad con la que vosotros me visitéis, dispuesto a agasajaros con las mismas viandas con las que vais a aparecer, porque a estas alturas de la vida, uno es de los que piensan que, a pesar de que haya quien aplique a los derechos y libertades la tan extendida ley del embudo, a veces es recomendable ponerse el mono de trabajo y defender los nuestros, nuestros derechos, porque de lo contrario, es natural y previsible que éstos vayan menguando en la misma medida que se agiganten los de quienes aspiran a pisoteárnoslos.
Por tanto, amigos del piquete, tal y como ya adelanté en este mismo foro hace un par de semanas, el día 29 yo trabajo. Trabajo porque es mi deber, porque es mi derecho y porque no voy a consentir que nadie me prive de ello; ni a mí ni a los que quieran estar a mi lado. Trabajo porque creo en el sistema, creo en las libertades y en los derechos que consagra la Constitución que los españoles nos dimos tras 40 años de dictadura. Enfundado en el mono de trabajo, dispuesto a lo que sea, a lo que vosotros dispongáis, y con los mejores deseos, os espero. Un cordial y afectuoso saludo.