domingo, 20 de mayo de 2012


Carta a una heroína anónima



Nueve meses. Han sido nueve meses con tu hijo dentro de ti. Ahora no lo volverás a tocar, aunque podrás verlo mil y una veces; lo imaginarás creciendo, disfrutando con su familia, su otra familia, y acaso pensando dónde estará su verdadera madre. Nueve meses en los que te ha atormentado la idea de la vida que le esperaba junto a ti, de las penurias, de las carencias, de las miserias de esta perra vida que os había colocado a ambos en puestos traseros de la cola de la felicidad.

Nueve meses de llantos en vela, de desvelos nocturnos y conversaciones con la luna. Nueve meses de rezos, de esperanzas, de soluciones que se evaporan con el tic-tac de ese reloj imaginario que marcaba las horas hacia el desenlace. Y nueve meses de amor punzante y doloroso, sabedor de la eterna pelea entre el cariño de una madre y la felicidad de su hijo.

En una sociedad de apariencias y juicios paralelos, tu amor de madre te empujó a tomar la decisión más valiente, la mejor para tu criatura, la única que abría las puertas del mundo a un ser inocente condenado antes de nacer, sobreponiéndote a las miradas, a las críticas de sofá y de barra de bar, a la incomprensión de quien nunca se pone en las babuchas del otro.

Ahora él tendrá una familia y tú una carga para siempre. Al menos una, la más grave, la de no poder disfrutar del hijo que la vida puso en tu vientre cuando ella misma te negaba las posibilidades de mantenerlo.

La misma vida, la misma sociedad que ahora te busca, te persigue, convirtiendo en culpable a la víctima de esa psicopatía colectiva que nos ha atrapado con feroces garras hasta convertirnos en verdugos de todo lo que camina fuera del ego.

Todos quieren conocerte, saber quién eres y qué impulsos te movieron a tomar el camino del drama eterno, lanzando sobre ti una lluvia de flechas, de interrogantes cuyas respuestas están en ellos, en todos nosotros, culpables del peso de tu decisión.

Hemos visto el rostro de tu criatura levemente desfigurado por un falso pudor mediático vendido a ese gran circo romano en el que tú y él habéis sido los desvalidos cristianos y todos nosotros, expectantes televidentes ávidos de basura mediática para colocar hacia abajo nuestro pulgar.

Nosotros ya tenemos nuestra dosis diaria de carnaza. Estamos satisfechos, saciados. Y tú, a ti te imagino satisfecha con la decisión más dolorosa de tu vida, pero al mismo tiempo la que ha servido para asegurar el futuro a aquello que más has querido nunca. Orgullosa entre llantos por haberte convertido en culpable para siempre, tan sólo para que tu hijo siga siendo inocente. A ti, sólo a ti: gracias en su nombre y enhorabuena en el mío. Heroína anónima.

Tabernas Vegas



Estamos en crisis. Y como estamos en crisis, cada día más, cualquier cosa que suponga un mínimo atisbo para crear valor, riqueza y empleo me parece bien. Bueno venga; diremos casi cualquier cosa, que hay gente muy mala.

En éstas he escuchado algún que otro debate sobre el proyecto de ‘Euro-Vegas’ en España, más concretamente en Madrid o Barcelona. Y en esos sesudos y profundos debates, he escuchado razonamientos tan bien estructurados y lógicos como que el proyecto en cuestión va a fomentar la prostitución, el alcoholismo, la adicción al juego y que además el fulano que no sé por qué demonios se le ha metido en la cabeza poner tal negocio en España nos va a pedir que cambiemos la ley laboral y que los niños de cuatro años puedan entrar en los casinos.

Estas cosas las suelen decir, será casualidad, tipos que viven del erario público, de los sindicatos, de las universidades o de nuestro desmesurado organigrama funcionarial; vamos, gente que ha tenido la suerte de que sus puestos de trabajo no dependen de la crisis, de los mercados o de ningún intangible que vaya y venga.

Poco les importa, a estos benefactores del bien común, el que el proyecto vaya a generar decenas o centenas de miles de puestos de trabajo, entre directos e indirectos; no parece importarles que alrededor de esa ciudad del juego se vayan a generar cientos de empresas, que el municipio agraciado vaya a multiplicar por muchos enteros su PIB medio y que la industria turística española vaya a cambiar de manera importante gracias a la inversión de este reyezuelo del juego.

Les voy a dar una idea, a todos éstos a los que les parece un sacrilegio colocar este gran centro del ocio en Madrid y en Barcelona. No sé qué pensará usted, pero en Almería tenemos terreno de sobra, qué se yo, en Níjar, en La Mojonera, en Los Gallardos o en Tabernas, para convertirnos en Las Vegas europea. Y si ello fomenta la prostitución, el alcoholismo o la adicción al juego, situaciones que seguramente serían nuevas en nuestro entorno, luego ya vemos qué hacemos.

domingo, 6 de mayo de 2012


Sueños de chocolate y de polvo rojo



No suele pasarme muy a menudo, pero el otro día tuve una idea. Medio despierté, medio en sueños, vi la cantidad de favores al interés general que se podrían practicar si lográramos ‘distraer’ a sus legítimos propietarios determinados bienes en nuestra querida ciudad de Almería. Se me ocurrió, por ejemplo, cómo podríamos convertir El Zapillo en un gran parque marítimo-terrestre-sostenible-que-te-rilas, si lográramos echar abajo el maldito ‘sky-line’ de pacotilla formado por las torres que jalonan nuestra playa más urbana. Vi, también entre ensoñaciones, cómo podría quedar de bonito y amplio el Parque Nicolás Salmerón, si tuviéramos ‘güevos’ de derribar esa otra línea de casas de alta talla que lo acompañan en su vertiente Norte. Qué decir de los sensacionales comedores sociales que nos quedaría en los locales de determinados bares o restaurantes que no mencionaré por respeto precisamente a sus dueños.

Me despertó la cruda realidad. La realidad de que todas esas propiedades son privadas, pertenecen a unos seres, probablemente humanos, que han pagado ingentes cantidades de dinero por ellas, basándose en unas leyes que, en tal acto, les aseguraban unos derechos sobre las mismas. Se preguntará usted si he consumido recientemente algún producto alucinógeno o estupefaciente. La respuesta es no, a no ser que por tal cosa entendamos la lectura de determinados grupos en redes sociales, que en estos días juguetean con la absurda posibilidad de imponer a determinados propietarios de terreno lo que han de hacer con el mismo.

Pretenden estos señores, ‘salvar’ al mítico Toblerone, ese augusto y nunca bien ponderado monumento, qué digo, monumentazo que, sin embargo, nos ha pasado desapercibido durante décadas y ahora se ha erigido en protagonista de la actualidad paisana de plástico y silicona, justo cuando, después de décadas de propiedad, sus dueños han obtenido la autorización para cargárselo. En él se proyectan ahora las olvidadas ideas de parques, centros vecinales, palacios de congresos y otras ferias varias, de las que antes extrañamente nunca habíamos tenido noticia, tal como si se las hubiera tragado alguna de esas extrañas criaturas del programa de Íker Jiménez.

El tema es que no hay tema, señores. El tema es que estamos hablando de un terreno privado, que unos tipos compraron un día, con la esperanza de poder obtener beneficios como hacemos todos en este perro mundo con lo que podemos y que harán con él lo que consideren mejor para sus intereses. Y el tema es que, aunque todos estuviéramos de acuerdo y además estos señores accedieran a desprenderse de esa muestra del polvoriento y rojizo arte, los almerienses no tendríamos pasta ni para comprarlo ni para hacer allí ningún centro cultural. Por cierto, para este fin me permito sugerir la Estación del Tren, que está cerca y no hay que pagarle a nadie por ella. Claro que ello no generaría el mismo debate ‘mata-aburrimientos’ que el magno Toblerone, sin el cual nos quedaremos como yo me quedé sin abuelas.

Al final me harán monárquico



He oído, en estas semanas, que el rey debía pedir perdón por haber usado parte de sus vacaciones en ir a cazar fuera de España. Aunque ha pasado el tiempo, aún no podría decir, a ciencia cierta, si ese viaje lo pagó el rey, si lo hizo con dinero de todos con el de su propio sueldo, si se lo pagó un amigo o un empresario avispado en busca de prebendas.

Tampoco he recibido mucha información acerca de lo que supone la caza para un país como Botsuana, el escenario del episodio en cuestión, pero sí manejo algunos datos que hacen pensar que se trata de una de los segmentos de mayor peso en la actividad económica del país en cuestión. Acaso suficiente para regalar el viaje a algún jefe de estado dispuesto a colaborar en la difusión de esos valores turísticos en una zona del mundo en la que no sobran los recursos.

En cualquier caso, pasan las semanas y reconozco que yo sigo estando falto de información, aunque a juzgar por la que tengo sobre la mesa, no veo el delito, la falta legal o ética o el fallo por el que pedir perdón por ningún lado. Estamos en crisis, sí; y en ese estado, durante la Semana Santa han sido millones los españoles que, en la medida de sus posibilidades, han cogido los bártulos y han aprovechado para tomar un respiro. Dichosos ellos.

No tanto así están otros muchos, que han exigido una disculpa al monarca, que lo han acusado de inoportuno a la hora de tomar parte de sus vacaciones, de asesino por cazar elefantes y que, además, han aprovechado que el Pisuerga pasaba por Valladolid para pedir un referéndum sobre el sistema de Estado, éste que nos ha llevado a la etapa más larga de estabilidad democrática que se recuerda y a transitar de la dictadura militar al sistema libre de elección democrática.

El rey caza, señores, caza. Caza y monta en barco y posiblemente en moto. Y es probable que le gusten los pasteles de chocolate, la cerveza negra y las mujeres guapas. Es humano, el tal Juan Carlos; y cuanto antes lo comprendamos todos, mejor comprenderemos lo que significa la monarquía, que no supone que sus depositarios sean dioses venidos de otro mundo, sin pecado ni vicios. 

Sinceramente, me parece que el debate sobre el sistema de Estado, como todos, debe estar abierto; pero si la elección es monarquía, bien harían quienes no comulguen con ella en cuidar el grado de ridiculez de sus asertos, porque al final lo que consiguen es que un tipo que cree en la meritocracia y en la igualdad de oportunidades como yo, al que no le cabe mucho en su ideario un sistema en el que los cargos pasan de mano en mano por razón de apellidos y no de preparación, se plantee si no es mejor una monarquía que un sistema en el que se digan tantas estupideces por metro cuadrado. A ver si al final me van a convertir en monárquico.

domingo, 22 de abril de 2012

La selva argentina


Es, sin duda, Argentina uno de los países que más me atraen en este mundo. Argentina es grande en todos los sentidos: enormes extensiones de terreno casi sin fin, ilimitados recursos naturales en su más salvaje expresión, la mayor parte de las versiones climáticas, geográficas y biodiversas que nuestros sentidos pueden disfrutar en este planeta y un pueblo que ha sabido sufrir como nadie la golfería y la idiotez congénitas de quienes lo han gobernado en las últimas décadas.

Su presidenta, la señora de Kirchner, acaba de dar una vuelta de tuerca más, demostrando que en la política argentina, como en otras, no sólo cabe el robo a mano armada, el desfalco, la corrupción institucionalizada hasta los tuétanos, la ineficacia más palmaria, la ridiculización del pueblo hasta el hastío o la elevación a semi-dioses de tipos que tienen enormes dificultades para hacer la ‘o’ con un canuto, sino que también es factible hacer de vientre sobre la ley con total naturalidad y, eso sí, en defensa de esa ciudadanía a la que un día le niegan el acceso a sus ahorros y otro día le suben los impuestos en beneficio de la colectividad.

Doña Cristina, esa adicta al bótox ‘capaz’ de servir al mismo tiempo al lujo y al proletariado, en nombre de su difunto marido, que en paz descanse por muchos años, no ha tenido el menor empacho en dar un paso que hasta ahora nadie se había atrevido, saltándose la ley para dejar sin derecho alguno a una empresa que había invertido enormes cantidades de dinero en su país. Bien es cierto que Repsol había realizado esas inversiones en su propio beneficio, como es intrínseco a cualquier empresa (de no ser así, más que empresa sería ONG), pero con ello había creado puestos de trabajo, generado tributos al Estado, animado la inversión extranjera en la república del cono sur y, en general, como solemos decir por estos lares, generado ‘valor’, algo de lo que no andamos muy sobrados ni en Argentina ni en España.

Con su vil asalto, con su atraco a mano armada a su propio Estado de derecho, con el tiroteo sobre la ley que el propio Estado argentino se había otorgado, la aprendiz de Evita Perón, la ‘Barby-viuda del leninismo’ ha colgado sobre las fronteras de su amado país un gran cartel de ‘no invertir aquí; no le aseguramos que vayamos a respetar las normas’, además de aclarar a su ciudadanía que la ley sobre la que se cimenta su convivencia tiene el mismo valor que sus cuentas corrientes en la época del corralito.

Sin embargo, no se crea usted, mi admirado lector, que Argentina está tan lejos de nuestra amada patria. Aquí también tenemos alguna experiencia en ciscarnos sobre las leyes que nosotros mismos nos hemos dado, como cuando tiramos abajo las casas que nuestras propias instituciones han permitido construir o cuando queremos derribar el Hotel de El Algarrobico, a pesar de que en su día recibió los permisos para construirse.

domingo, 15 de abril de 2012

Pulverizando mitos sobre la discapacidad

(PUBLICADO HOY DOMINGO, EN DIARIO IDEAL ALMERÍA: http://www.ideal.es/almeria/v/20120415/almeria/pulverizando-mitos-sobre-discapacidad-20120415.html).

A Carlos Tejada Rovira ya lo conoce usted, aunque si me lo permite, yo se lo voy a presentar un poco más. Quién más, quien menos, habrá oído hablar de sus ‘andanzas’ (‘nadanzas’, más bien) traducidas en títulos de lo más variopinto en la piscina. Carlos ha sido varias veces campeón de España. De hecho, en el último Estatal FEDDI, el de este año, se llevó tres medallas y subió a su palmarés otros dos récords de España.
Carlos es, además de una estrella de la natación ‘adaptada’ y un deportista con un espectacular futuro, al que los almerienses esperamos ver este verano en los Paralímpicos de Londres, un chico con discapacidad. A sus 23 años, su tesón y el de su familia han convertido su discapacidad intelectual, de en torno a un 60%, en el reto alrededor del que giran sus vidas. Unas vidas felices y satisfechas en el día a día.
A Carlos tengo el placer de conocerlo personalmente desde hace años, aunque jamás pensé que me tiraría a la piscina con él. La idea de este ‘reto’ ha sido de los ‘amigos’ (con amigos como ésos…) de Verdiblanca, asociación de personas con discapacidad que hacen de su trabajo no sólo un gusto, sino una labor social y de integración imprescindible.
A Antonio Sánchez de Amo y a Elena Sevillano pertenecen las mentes calenturientas que dieron a luz la idea de que un tipo de ésos a los que la sociedad identifica como ‘normal’, o sea yo, se lanzara a competir en la piscina con otro a los que hemos dado en calificar como ‘con discapacidad’, o sea Carlos.
La discapacidad es algo que todos sabemos que está ahí y sobre la que cualquiera que tenga la cabeza más o menos sobre los hombros es consciente de la necesidad de colaboración que requiere por parte de todos. Sin embargo, andamos todos muy ocupados en nuestras miserias del día a día, en nuestros problemas de la ‘señorita Pepis’, en nuestras urgencias de cuarto de hora, como para dedicarle siquiera un segundo.
Los seres humanos nos hemos acostumbrado a poner lo urgente siempre por delante de lo importante y podemos pasar meses, años o vidas enteras sin acaso mover un solo dedo por otro ser humano que no seamos nosotros mismos. Es nuestra historia. La mía al menos. ¿Y la suya?

El reto
Así pues, mi reto era calzarme el bañador y el gorro de baño, enseñarle al amigo Pepe Mullor (fotógrafo) las lorzas tan recientemente regadas con todo el material gastronómico de la Semana Santa y ubicarme en la calle de al lado, junto a Carlos Tejada, a ver cuánto tiempo aguantaba viéndole las plantas de los pies.
El escenario del crimen fue la piscina del Club Natación Almería, donde Carlos entrena más de dos horas al día de lunes a viernes y otras dos y media los sábados, a las órdenes de Carlos Palacios, su técnico de agua.
Su entrenamiento semanal se completa con tres sesiones semanales a las órdenes de ese crack almeriense de la preparación física que es Antonio ‘Tato’ Casimiro Andújar, además del trabajo junto al psicólogo deportivo Alfonso Ibáñez.
Así es como Carlos se ha plantado en la recta final del camino a los Paralímpicos de Londres, para lo cual se le han fijado unas marcas mínimas de 2,08 en los 200 libres y 1,8 en 100 espalda. Este verano, espero estar pegado a la tele para ver en acción al único deportista olímpico contra el que he competido en mi vida.
Comprenderá usted que, entre su currículo, su régimen de entrenamiento y la imagen que vi reflejada ante un espejo al salir del vestuario, el agua me pareciera especialmente fría a la hora de lanzarme a la piscina e 25 metros.
El reto consistía en dos series: una de 100 libres y otra de 50 espalda. Era para lo que daba la máquina. La mía, obviamente, no la de Carlos. El resultado es mejor dejarlo para otro capítulo. Tan sólo recuerdo que cuando yo completé mis primeros 25 metros, el tipo de al lado ya había tocado la otra pared, la de los 50.

Discapacidad
Ignoro si habrá alguien a quien le sorprenda el hecho de que la etiqueta de la discapacidad caiga al suelo a una velocidad de vértigo en el preciso instante en el que colocamos a sus portadores en una acción o actividad que no es la específica de dicha discapacidad.
Discapacidades tuvieron, como es sabido, algunos de los genios más sobresalientes en la historia de la humanidad. Discapacidad tienen todos aquellos que participan en los Juegos Paralímpicos cada cuatro años y que, todos, están en objetiva disposición de darnos a cualquiera una tunda de dimensiones parecidas a la que yo recibí el miércoles pasado. Y discapacidad tienen también otros muchos seres humanos, no tan conocidos como Carlos, absolutamente anónimos, que también a diario ofrecen lecciones acaso no tan noticiosas como ésta a la que nos referimos, pero tanto o más digna de admiración. Y lo grave es que ni los conocemos ni parecen interesarnos.

¿Quién es el normal?
Tras el reto, Carlos empezó su entrenamiento diario (es triste que el paseíllo conmigo no sirviese ni siquiera de entreno) y yo tuve la ocasión de charlar un rato con su padre y su entrenador. Alfonso Palacios lo define como “un tipo siempre de buen humor, que siempre sonríe, da mucho cariño y también necesita mucho. En la piscina es uno más, pero la experiencia con él enriquece mucho”.
Con su padre, José Carlos, hace falta pasar poco rato para tener claro que es un tipo absolutamente feliz. Su hija Estefanía, tres años mayor que Carlos, no tiene ninguna discapacidad. “Volvería a tener a Carlos si viviera otras cinco vidas. Su madre y yo estamos igual de satisfechos de la experiencia con ambos. El de Carlos es un cariño diferente, muy especial”, asegura.
Carlos sigue siendo un tipo normal, a pesar de que su día transcurre entre entrenamientos incluso a veces dobles, su trabajo en prácticas en el Patronato Municipal de Deportes del Ayuntamiento y sus estudios que le llevarán a conseguir la ESO este año. Ahí es donde reside la diferencia entre él y nosotros: aunque en septiembre se colgara un oro en los Paralímpicos, él seguiría siendo un tipo normal. ¿Y nosotros, somos normales?

LA PELÍCULA DE LA CARRERA
La idea
La idea de este reto por la igualdad de oportunidades nace en la cabeza de los ‘cracks’ de Verdiblanca, Antonio Sánchez de Amo y Elena Sevillano. Al principio me pareció una locura.
Prolegómenos
Carlos era el anfitrión. Él me llevó al vestuario y luego a la piscina. Una vez dentro, su temple y su experiencia sirvieron para asentarme. Sinceramente: había nervios.
La experiencia
Todo el mundo sabía lo que pasaría. Carlos es un profesional de la natación, una ‘mala bestia’ en la piscina, como él dice, un delfín. Yo, en fin, tenía fundada confianza en que saldría a flote.
El ganador
Todos ganamos
El resultado de la carrera estaba claro, como claro teníamos que, al final, todos ganábamos. Personalmente, hacía tiempo que no tenía la oportunidad de vivir una experiencia tan intensa y tan pura. En un ratillo, en los 20 minutos que fui capaz de estar nadando, Carlos me enseñó mucho. Espero que a usted también.

CURRÍCULO Y RETOS.
1. Un referente FEDDI
Carlos ha sido varias veces campeón de España en la modalidad FEDDI, de discapacidad.
2. Un símbolo en Almería
Carlos es ya un deportista de referencia en Almería y Andalucía en términos generales.
3. Campeón de España 2012
Este mismo año, ha sido tres veces campeón de España y ha logrado dos récords de España.
4. Y ahora, Londres
El próximo gran reto son los Paralímpicos de Londres, donde espera estar este verano.

¿Por qué Expo Agro?

Además de otras muchas cosas, en Almería, ésta es la semana de Expo Agro. Me da la impresión de que, tras 26 años, ésta se ha convertido en una de las ediciones más importantes de la feria de la agricultura almeriense. Y lo es porque, probablemente, el campo, la agricultura y Almería necesitan hacer algo a la vez, juntos, unidos.
Los almerienses, entre otras cosas, nos distinguimos por tener una cierta tendencia a despreciar lo nuestro, a no sentirnos orgullosos de lo que tenemos, de lo que hacemos bien. Tal vez no sea algo especial sino más bien característico del ser humano; o tal vez no. Quizás sea una consecuencia de nuestra ubicación geográfica, de nuestro carácter, de nuestra historia. A finales del siglo XIX, en los 90 de aquella centuria, España entera estaba comunicada por ferrocarril. España entera, salvo Almería. La lectura de los periódicos de aquella última década del siglo es tétricamente deliciosa, con una provincia volcada, ilusionada y al mismo tiempo desazonada con las idas y venidas del ferrocarril a estas tierras.
Cien años después, la historia se repetía. Las comunicaciones siguen siendo el gran caballo de batalla de este territorio esquinado e históricamente olvidado, postergado por las autoridades, las instituciones, los mercados y los medios de comunicación. A Almería se le ha elevado a su máxima potencia el ‘esquinismo’ del que, geográficamente, hace gala sin más remedio.
Sin embargo, desde hace décadas, Almería hace algo bien. Qué demonios, muy bien. En algo, los almerienses somos los mejores de Europa, probablemente del mundo. Nuestra agricultura bajo plástico se ha convertido en un ejemplo para el planeta agrícola y nuestro mar de invernaderos es la superficie cultivada bajo plástico más extensa del viejo continente.
Y lo es a pesar de que, como buenos almerienses, no solemos hacer muchas cosas juntos, no gustamos de colaborar, de unir fuerzas, de remar en la misma dirección. Los almerienses, acaso por esa inercia histórica de sentirnos solos y olvidados, nos sentimos llevados por una irrefrenable tendencia a hacerlo todo a nuestra bola, obviando a quienes coinciden con nosotros en intereses.
Y uno de esos intereses es el de consolidar la ‘marca Almería’, eso que de un tiempo a esta parte escuchamos llamar el ‘Modelo Almería’ de agricultura.
No es fácil encontrar instrumentos que ayuden a significar la agricultura almeriense, los sensacionales productos de nuestra huerta invernada como algo conjunto, como una unidad de negocio ante Europa y el mundo. Y Expo Agro es uno de esos escasos elementos de unificación, de condensación de nuestro Modelo y de nuestro sector.
Expo Agro ha estado herida de muerte. Quizás lo siga estando. Sin embargo, este año va a haber Expo Agro. Y la va a haber gracias al tesón de un grupo de ‘chalados’, benditos ‘chalados’, que robándole horas a sus empresas, a sus negocios y a sus familias, sin interés personal alguno, se han vuelto a enfrascar en la obligación de mantenerla viva, por el bien de nuestra agricultura, que es el bien de nuestra provincia. Un grupo de luchadores entre los que, según he visto, no habido jefes sino indios, en los que como decía el viernes Juan Colomina en la presentación (todo un descubrimiento mediático’ este tipo, gracias precisamente a la Expo), lo que hay son ‘picapedreros’, currantes del día a día que se han vaciado para conseguir esta Expo Agro.
Probablemente, a la Expo le haya llegado el momento de que quienes no crean, metan el dedo en los costados; de que quienes no puedan, quieran; de que quienes hayan tirado la toalla, la recojan. Es momento de creer y empujar a la Expo Agro, de convertirla en un punto de encuentro y no de desencuentros, de hacerla embajadora de lo que aquí hacen miles de expertos en el cultivo, los agricultores; de juntar bajo un techo a todo el que se sienta parte del sector, de ese sector con forma de locomotora que mueve Almería desde hace 30 años. Es momento, en definitiva, de visitarla y vivirla sin preguntar, de no preguntar qué puede hacer Expo Agro por ti sino qué puedes hacer tú por Expo Agro y, con ella, por tu provincia, por Almería.